jueves, 17 de mayo de 2012

HECHIZADOS


Ha pasado algún tiempo desde mi encuentro furtivo con aquel chico en una cafetería. Siempre lo tengo presente en mi cabeza y a veces me recreo con los detalles. En el fondo deseo volver a verle, al menos encontrármelo aunque él no me vea o no me reconozca, que por otro lado será lo más posible.

Pero hace unos días, salí con un grupo de amigas a celebrar un cumpleaños y nos fuímos a tomar algo después de cenar a un pub que estaba repleto de gente, casi no nos podíamos mover. Yo estoy a lo mío, bailando y disfrutando como hace mucho que no lo hacía, necesitaba salir y desconectar de todo.

Me apoyo en la barra para otear el horizonte, para ver qué tipo de gente anda por allí. De repente veo una cara conocida. No sé de qué me suena, ¿Quién es?, ¿de qué lo conozco?

Intento acercarme a él para verlo mejor, paso entre la gente sin quitarle ojo y cuando estoy a unos metros el corazón se me para, se me acelera la respiración y casi no puedo mantenerme en pie. ¡Es él, no me lo puedo creer!

Es aquel hombre misterioso de la cafetería, me quedo mirando para él como una tonta. Entonces se da cuenta de mi presencia y me mira. Creo que se quedó tan flaseado como yo. Nos miramos y sonreímos.

Me giro y me marcho, no me atrevo a acercarme.

Pero mientras le doy vueltas a la cabeza pensando en vover a él antes de que desparezca de nuevo, veo que viene hacia mí. Me coge la mano y me dice hola. Levanto la mirada algo avergonzada y me encuentro con sus ojos marrones, tan expresivos como los recordaba.

¿Tomamos algo?, sin decir una palabra me levanto de la silla y le sigo, me lleva de la mano entre la gente y yo solo soy capaz de mirarle.

-No podemos seguir viéndonos así- bromeo y él se ríe. –Tienes razón-
-Vamos a empezar de cero, ¿te parece? Hola me llamo Eva, ¿y tú?
-Yo soy David, y estoy encantado de volver a verte, he pensado mucho en ti, en la última vez que nos encontramos.
-Yo también.
Tenemos una pequeña conversación, pero mientras hablamos nos miramos a los ojos y nos cogemos las manos. No sé si se da cuenta pero mientras me acaricia las manos medio a escondidas, me estremezco. Solo el sentir su contacto, el tenerle cerca y el poder olerle de nuevo ya me excita. La escena de la cafetería vuelve a mi cabeza una y otra vez. Y de repente lo único que me sale de la boca es: –Vámonos de aquí-

Salimos del pub, ni siquiera me despido de mis amigas, no me acuerdo de ellas para nada. Cuando llegamos a la esquina se para, me mira, y me besa. Por supuesto no me resisto, era algo que estaba deseando hacer desde que le vi. Nuestras bocas se juntaron con tanta pasión que nuestros cuerpos temblaban, podía notar lo excitado que estaba.

Disfrutamos de ese beso durante un largo rato, nos abrazamos y recorro su espalda con mis manos. Parece un sueño.

Seguimos caminando, despacio, la noche es clara y llena de estrellas así que decidimos acercarnos a la playa.

Hablamos y hablamos de montones de cosas, me pregunta sobre mí, sobre mi vida. Le cuento que es complicada, y que no debería estar haciendo esto.

Pero es superior a mí, le digo: –No sé qué me pasa contigo, pero no me puedo resistir, ni siquiera me planteo si esto está bien o mal, solo reacciono, y te aseguro que no lo que suelo hacer-.

Nos sentamos en la arena, en la orilla y nos acariciamos, mirándonos a los ojos, no podemos quitar la vista el uno del otro, es como si estuviéramos hechizados.

Le cojo la cara suavemente y le beso, como si tuviera miedo de que desaparezca. Me mira y me sonríe, me dice que nunca había encontrado a alguien como yo.

Mi cuerpo hierve de pasión y de deseo, le acaricio el pecho  y le beso el cuello. Dios mío, huele tan bien…, no me puedo resistir y le tumbo en la arena. Recorro con mis manos todo su cuerpo, poco a poco, memorizando todos sus músculos, le miro y sé que me desea. Me siento la mujer más sexy del mundo.

Le desabrocho la camisa y recorro con mi lengua su pecho, despacio, recreándome en sus pezones, siento cómo se estremece. Mientras, él me acaricia todo el cuerpo, recorre mi espalda y siento sus manos calientes y fuertes en mis muslos.

Me gusta su sabor, es dulce y amargo, sigo besándole, pero necesito notar sus labios, así que vuelvo a su boca carnosa y suave y noto su lengua dentro de mí, fuerte,  no puedo dejar de besarle. 

Bajo mis manos por su cuerpo hasta llegar a su entrepierna, y me encuentro con su miembro, tan excitado, tan erecto. Aquello me pone a cien, creo que no voy a resistirlo.

De repente me paro, ¿Qué pasa conmigo?, David se me queda mirando, no entiende nada.

-Perdóname, no puedo seguir, me gustaría que nos viéramos otro día. Espero que no te moleste, pero mis amigas están ahí al lado, y si me vieran imagínate lo que pasaría.

Sonríe, yo suspiro con alivio, me abraza y me dice que no importa. Nos damos los números de móvil, y quedamos que en cuanto cualquiera de los dos lo necesite, nos llamamos.

Me despido con un gran beso diciéndome a mí misma que soy idiota. Él se queda sentado en la playa, pensando. Espero que me llame, con toda mi alma. 

lunes, 7 de mayo de 2012

AL LLEGAR A CASA


Aquel día nunca lo olvidaré. Al llegar a mi casa seguía en una especie de nube, nube de asombro y estupor. Me  tengo por un hombre experimentado, me he acostado con un montón de chicas pibón, creí que lo había probado todo. No  me puedo creer lo que he hecho.

He flirteado miles de veces, me he dedicado casi toda la vida a ligar y en la mayoría de la veces me las he llevado a la cama… pero no puedo entender lo que me pasó  en aquel cajero y verla. El estar cerca de ella, el olerla, el imaginarme qué habría debajo de aquel vestido, esa sonrisa… no sé por qué me he puesto así.    

Algo emanaba de aquella mujer. A primera vista era una mujer normalita, puede que hasta vulgar… pero algo la hacía irresistible para mí. Pero no sabía qué.

Solo una idea rondaba por mi cabeza: tienes que tirártela. Ahora entiendo por qué la seguí hasta el bar. Apenas me acuerdo de cuando me senté a su lado y comenzé a meterle mano, así sin más. Lo he hecho en muchos lugares públicos, considero que tiene su morbo,  pero generalmente en sitios escondidos y oscuros,  más que nada porque ellas no se dejan hacerlo en otro lugar. 

Y sin embargo ella no puso reparos a hacerlo allí, en un café, donde cualquiera podría vernos. ¿Sentiría tanto morbo como yo? Está claro que nuestro deseo pudo más que la vergüenza.


Y para qué hablar del polvo que echamos en el baño.  Aún recuerdo su aliento sobre mi cuello cuando me lo besaba, el dulce sabor de su boca, la sensación de verme poseído por unos labios que succionaban mi lengua una y otra vez, aquella mano que liberó mi polla que ya pedía guerra, aquellos dedos que acariciaron mi glande suavemente que me produjeron espamos que nunca antes habia conocido. Yo me dejaba hacer, me encantaba que por una vez una chica llevara la inciativa.Sólo deseaba que aquello no acabase, quería disfrutar de cada segundo de placer que aquella desconocida me estaba proporcionando. Los dos nos mirábamos, complices, jadeando al unísono. estaba a punto de correrme.
Ella se dio cuenta y dando un salto se colgó de mí para que finalmente la penetrara, ofreciéndome aquel coño que de una forma imperiosa me ordenaba entrar hasta el fondo. Así lo hice una y otra vez hasta que por fin ella soltó un largo y excitante gemido que anunció su orgasmo.


Cómo me resistía a acabar hasta que ya no pude más y me corrí, sin control, haciéndome gemir de una manera desconocida para mí, por su intensidad. Creí que me moría cuando ella siguió moviéndose ansiosa, impidiendo que sacase mi pene de dentro, supongo que intentando disfrutar hasta el final de la dulce sensación de mi semen dentro de su vagina.


Ahora, tirado en el sofá, mi mente no puede parar de proyectar esas imágenes, una y otra vez. Siento que necesito repetirlo. Mi excitación sube por momentos al recordarlo. Necesito masturbarme o me volveré loco… Meto mi mano… , pienso en ella, solo en ella… casi puedo sentirla de nuevo junto a mí, cogiéndome el pene, acariciándo su punta con lo dedos, besándome, puedo sentir la placentera sensación de mi polla poseyéndola una y otra vez, a punto de explotar. Vuelvo a olerla… la beso, se la meto una y otra vez y… ummmm.

Tengo que volver a verla. No puedo quedarme así. Necesito tocarla, besarla, follármela hasta que este embrujo que me ha echado se vaya. Si no lo hago me voy a volver loco.

CASI NO RECUERDO CÓMO LLEGUÉ A CASA



La verdad es que casi no recuerdo como llegué a casa, me temblaban las piernas, no podía pensar con claridad. ¿Qué he hecho?.¿Que me está pasando?. Eran las únicas palabras que rondaban por mi cabeza.

Me considero una mujer con los pies en la tierra, nunca había hecho algo así. Ni siquiera había dejado que nadie me tocase, nI en público ni en privado. Solo mi marido.

Pero hoy…al sentirle tan cerca, al poder sentir sus manos sobre mi piel. Su olor, su ternura al tocarme, al mirarme….

Algo se movió dentro de mí, algo hizo que me quitara la máscara y que me mostrara tal como soy, solo podía pensar en ser suya, en que me hiciera suya.

Aún podía olerle, aún tenÍa marcadas sobre mi piel sus manos y aún le podía sentir dentro.

Tenía todavía sus marcas en mi ropa, su olor en mi piel y su sabor en mi boca. Siento deseos de repetir, de salir ahora mismo  y buscarle, a lo mejor sigue por la zona. Pero no, mejor no.

Me tocaba los labios y recordaba sus besos, me quité el vestido y lo miré, creo que no podré deshacerme de él nunca y que siempre que lo utilice recordaré lo ocurrido.

Tengo una extraña sensación, una mezcla de sentimientos. Por un lado me siento culpable, pienso “no debería haberlo hecho, ¿y si alguien nos vio?, ¿y si se entera mi marido?”, fruto de mi acusado sentido de responsabilidad que normalmente no me deja hacer lo que deseo realmente.

Pero me siento tan bien, tan plena, tan mujer, es como si hubiera tenido una experiencia fuera de mi cuerpo, como si hubiera visto una película.

Pero no, era yo, la que estaba tirándose a un hombre en el baño de una cafetería, realmente era yo, por una vez, era yo la que incumplía las normas.

Me gustaría volver a verle,  quiero verle de nuevo. Quiero saber su nombre, cómo es cómo habla, a qué se dedica, quiero saber todo de él.

Me doy una ducha mientras disfruto de mis pensamientos. Pero entonces decido olvidarlo, pasar página. “Seguramente no nos volveremos a encontrar” pienso con tristeza.

Sigo con mi rutina, la casa, los niños, la comida, el trabajo, pero durante días solamente él estaba en mi cabeza. No era capaz de pensar en nada más. Le buscaba en cada rincón, pasaba cuando podía por el cajero, por la cafetería. Me metía en el baño y recordaba aquel polvo.

 
Pero pasaron los días, y poco a poco aquel recuerdo se fue difuminando. 

De vez en cuando pienso “Me gustaría verle”. Y a veces en la soledad de la noche, siento un deseo irreflenable de besar esos labios de nuevo.  Creo que me voy a volver loca.

Lo dejo pasar, y sigo con mi vida. En la radio suena “Nuestro amor será leyenda” y una lágrima resbala  por mi mejilla.
 

miércoles, 2 de mayo de 2012

CÓMO CONOCÍ A EVA


Aquel día me levanté con ganas de pegarme una buena ducha. Había pasado mucho calor y apenas pude dormir.Fue una noche de esas en que solo piensas en sexo, rememorando escenas eróticas ya pasadas. Así que me metí en al agua esperando me bajase la calentura.
Después de ducharme y como aún tenía mucho calor, decidí bajar a dar un paseo y hacer algunos recados, entre otros ir al banco a sacar dinero.
Por el camino no pude dejar de fijarme cómo las chicas, sobre todo las jovencitas, habían aprovechado los primeros calores para vestirse con la ropa de verano. Pantalones cortos, falditas y vestidos ligeros...

Al entrar en el banco me dirijí a uno de los cajeros. Delante de mí estaba ella. Llevaba un vestidito menudo y vaporoso que dejaba imaginar todo lo que había debajo. Además el sol que entraba por una de las ventanas que estaba delante de nosotros  producía un contraluz  a través de  la ropa,  dejando  entrever  la estilizada silueta de su cuerpo, incluso podían adivinarse sus braguitas , que eran de color blanco.No pude evitar mrarla de arriba abajo.


Ella sabía que lo estaba. En un momento dado  se llevó la mano a la rodilla para levantar un poco el vestido  en un gesto de coquetería que me hizo estremecer de placer.


Mientras esperábamos me acerqué más a ella por detrás, podía sentir su seductor olor corporal. Ví que se alertó un tanto por mi proximidad, así que me detuve y noté que se tranquilizó, pero no hizo ningún ademán de alejarse, dándome a pensar que la situación le gustaba.


Sacó su dinero y dándose  la vuelta me miró sonriéndome, yo le devolví la sonrisa. Salió del cajero y continuó su camino. La seguí con la mirada y pude ver cómo entraba en una cafetería cercana. Rápidamente saqué mi dinero y me dirigí hacia allí.


Entré en el local. Estaba sentada en una mesa tomándose un café con hielo. Ella no me vio así que pude recrearme observando sus gestos, su forma de tomar el café, sorbiéndolo con una sensualidad que me atrajo mucho.


Sin pensarlo dos veces me acerqué a ella y le dije “¿puedo sentarme?”. Al principio me miró con un gesto de duda  e indecisión, pero finalmente me dijo que sí. Me senté a su lado con una cerveza en la mano y la miré. No hablamos.


Desde esa posición pude ver que tenía un atractivo rostro y unos sensuales labios que estaban pidiéndome a gritos que me los comiese.


La mesa era pequeña y estábamos bastante juntos. Ella tomaba su café y hacía como que no  pasaba nada. Pero yo notaba su calor corporal y su respiración que empezaba a ser agitada. No pude esperar más y me arriesgué. 


Puse mi mano sobre  su rodilla. Dio un pequeño salto de sorpresa y pude vislumbrar una ligera sonrisa en sus labios. Seguí subiendo por la pierna, por el muslo, despacio. Tenía la piel suave y caliente.


Seguí subiendo y llegué a la altura de sus braguitas. Ahí pensé que me iba a impedir seguir pero no se resistió; la acariciaba suave, lentamente, de vez en cuando nos mirábamos, con mis ojos yo le pedía permiso, y ella me lo daba.


Por fin, el paso más delicado, metí mi mano  debajo de las braguitas y la llevé hasta la entrepierna. Ella las abrió un poco para que llegara bien, eso me  provocó tal excitación  que mi pene, que ya estaba para entonces bastante animado, s e hinchó de tal manera que pensé me iba a correr allí mismo.  Noté que ella estaba mojada y tan excitada como yo. En ese momento creo que no  nos importaba que alguien nos pudiera ver.


Poco a poco llegué al centro, estaba húmedo y caliente.Con mis dedos localicé  enseguida su clítoris; en cuanto lo toqué pegó un salto, tapándose la boca para no  dejar escapar un gemido  y me miró, a la vez que se relajaba en la silla, abriendo un poco más sus piernas y dejándose hacer.


Yo la miraba y sonreía, no sé cómo fue exactamente, pero sé que tuvo un orgasmo en silencio, pues se estremeció de arriba abajo, mordiéndose los labios. Sus mejillas estaban rojas, como si tuviera mucho calor. Yo no sabía si le apeteceria  seguir o todo habría acabado ahí.


De repente  se levantó  y  me miró para que la siguiera. Por supuesto no pude  resistirme a su llamada .Nos metimos en el baño.


En cuanto entramos nos besamos, los dos estábamos muy calientes. Cuando la besaba sentí que mi pantalón estaba a punto de explotar. Me arrimé y me restregué sobre su cuerpo, me apetecía que me la tocara pero no lo hizo.

Ella me paró, me miró a los ojos y mientras me pasaba la lengua y los labios por el cuello me desbrochó poco a poco el pantalón, por supuesto no me resistí. La sacó de su escondite y  dejé que sus manos recorrieran mi polla, dura y caliente, creo como nunca la había tenido antes.


Empezó a tocarla suavemente con la punta de sus dedos, mientras nos besábamos apasionadamente; su boca y la mía era solo una, no nos podíamos separar, estábamos prácticamente pegados.


Entonces le cogí las manos y  la  sujeté por las muñecas contra la pared, la besé en el cuello y bajé  hasta el pecho. La levanté en el aire y con las manos aparté sus braguitas para poder metérsela.


Y lo hice, hasta el fondo y de una vez. Gritó. Me movía rítmicamente y sentía como mi polla entraba y salía sin ninguna dificultad,  Nos dábamos golpes contra la pared del baño, pero no me importaba. Solo quería que aquello no parase, quería metérsela una y otra vez.


Tuvo un orgasmo, su cuerpo se estremeció de tal manera que casi se cae al suelo, era como si las piernas le fallaran.


Pero yo no había terminado, seguía empujando, y seguía. Noté que ella también quería más.


Hasta que me corrí, senti como mi semen caliente  salía desbocado y cómo se deshacía dentro de ella. Creo que esto la excitó mucho pues volvió a estremecerse  y con delicados  pero contundentes espasmos su coño impedía que mi pene saliese de él.
Quedamos agotados, satisfechos, y poco a poco nos separamos. Le dí un último beso y le dije “espero volver a verte”.
Ella me sonrió. 


Me fui dejándola allí, colacándose las braguitas y su vestido arrugado. Me sentía extraño, mis piernas  flaqueaban  tras  el esfuerzo. Estaba en una nube. La camarera y varios clientes me miraron con cara de reprobación  al verme salir, desaliñado y con el rostro descompuesto.


Cuando iba de vuelta a  casa  no dejaba de pensar en aquellos labios, en aquellas suaves piernas, y sobre todo en ese coñito y esas manos  que me habían dado tanto placer.


Aquel día decidí que no podría vivir sin volver a repetirlo con ella.

CÓMO CONOCÍ A DAVID


Era junio, finales de primavera, me levanté como cualquier otro día y miré por la ventana. Me encontraba un poco rara por que había tenido un sueño erótico, con un amigo y me sentía excitada, insatisfecha.
Como siempre  no le di importancia, no hice caso a mis instintos y seguí desayunado.

Después de ducharme tenía mucho calor, no era normal en mí. Abrí el armario pensando en qué ponerme y vi un vestido de verano que no solía utilizar. Pero me apetecía ponerlo.
Era un vestidito menudo y vaporoso, dejaba imaginar todo lo que había debajo sin enseñar nada y me gustó cómo me quedaba. Me puse unos tacones y me arreglé.


Salí de casa como si me fuera a comer el mundo. Me sentía muy bien. Un día precioso y  yo por la calle notando la brisa en cada centímetro de mi piel.
Según caminaba, notaba como los ojos se posaban en mi, de hombres y de mujeres ,pero no me sentía incomoda, al contrario, me hacia excitarme más y sentirme mejor, más segura de mi misma.

Pasé al lado de un grupo de chicos, se hizo el silencio y  todos se quedaron mirándome, nadie dijo nada, solo sentí miradas que me atravesaban como cuchillos. Cuando me iba estaba segura de que se habían quedado mirándome el culo. Llegaron a temblarme las piernas,  hacia mucho que no me sentía tan deseada.

Seguí mi camino y entré en un cajero. Delante de mí había una señora, así que tenía que esperar. Después entro un chico, que se quedó justo detrás de mí, mirándome de arriba abajo, escrutando mi vestido.

Sabía que me estaba mirando así que me llevé la mano a la rodilla para levantar un poco el vestido para provocar un poco más. 

Mientras esperábamos se acercó más a mi por detrás, casi podía sentir su aliento en mi nuca. Primero me entró un poco de miedo, pero al ver que no se acercaba más, me tranquilicé y llegó a gustarme.

Saqué mi dinero, me di la vuelta, le miré y sonreí, él me devolvió la sonrisa. Salí del cajero y continué mi camino.
 
A los pocos metros entré en una cafetería, quería tomarme un café con hielo. Me senté en la mesa más apartada.

Al rato, noto que alguien se acerca y me dice “¿puedo sentarme?”, era el chico del cajero. Le dije que sí.
Se sentó con su cerveza y sólamente me miró. No hablamos.

La mesa era pequeña y estábamos bastante juntos. No pensaba en nada y noté cómo su mano tocaba mi rodilla. Di un pequeño salto de sorpresa y sonreí. Siguió subiendo por mi pierna, por el muslo, despacio. Tenía la mano caliente, era fuerte y grande.

Siguió subiendo y llegó a la altura de mis braguitas, no pensé que fuera a seguir así que no me resistí, me acariciaba, de vez en cuando nos mirábamos, como si me pidiera permiso, y yo se lo di.
Metió su mano lentamente debajo de las braguitas y fue hasta la entrepierna. Yo las abrí un poco para que llegara bien, ya estaba mojada y tan excitada que no me importaba que alguien nos pudiera ver.

Poco a poco llegó al centro, notó que estaba húmedo y sonrió. Con sus dedos localizó enseguida mi clítoris, en cuanto lo tocó, pegué un salto, me tapé la boca para no gemir y le miré. Me relajé en la silla, abriendo un poco más mis piernas y dejándole hacer.
Él solo me miraba y sonreía, no sé cómo fue exactamente, pero sé que tuve un orgasmo en silencio, debí ponerme muy roja, y me entró mucho calor. Me apetecía seguir.
Así que me levanté  y  le miré para que me siguiera. Nos metimos en el baño.

En cuanto entramos nos besamos, los dos estábamos muy calientes. Cuando me besaba sentía su pantalón muy abultado y solo podía pensar en tocársela, pero no me dejaba, y eso me daba rabia.


Así que le paré, le miré a los ojos y mientras le pasaba la lengua y los labios por el cuello le desbroché poco a poco el pantalón, entonces no se resistió, dejó que mis manos recorrieran su polla tan fuerte y caliente.



Empecé a tocarla suavemente con la punta de mis dedos, mientras nos besábamos apasionadamente, su boca y la mía era solo una, no nos podíamos separar, estábamos prácticamente pegados.


Entonces me cogíó las manos y  me sujetó por las muñecas contra la pared, me besó el cuello y bajó hasta el pecho. Me levantó en el aire y con las manos aparto mis braguitas para poder metérmela. 

Y lo hizo, hasta el fondo y de una vez. Supongo que grité, pero no lo recuerdo, porque la sensación fue tan buena que no me importa si lo hice.
Se movía rítmicamente y sentía como su polla entraba y salía sin ninguna dificultad,  yo me daba golpes contra la pared del baño, pero no me importaba. Solo quería que no parase, que siguiera, una y otra vez.

Tuve un orgasmo, de los buenos, mi cuerpo se estremeció de tal manera que casi me caigo al suelo, las piernas me fallaban.

El no había terminado, seguía empujando, y seguía, y yo quería más.Hasta que se corrió, le senti como se deshacía dentro de mí, como salía toda su esencia y me la regalaba.


Quedamos agotados, satisfechos, y poco a poco nos separamos. Él me regalo un último beso y me dijo “espero volver a verte”.
Yo solo sonreí, me coloqué el vestido arrugado y me fui.


Me costó trabajo, casi no podía caminar, así que me senté de nuevo en mi mesa y no podía parar de sonreír.


Después, continuando con mi camino, pensé que estaba loca, pero luego me sentí la mujer más afortunada del mundo. Y sobre todo me sentía mujer.

DAVID SEGÚN EVA


Lo conocí por casualidad, un desconocido que se me cruzó por la calle y ha resultado ser una de las personas más importantes en mi vida.

Tiene los ojos marrones, es alto y con un cuerpo bien formado. Mirada penetrante y siempre parece que te quiere decir algo con los ojos.

Facciones angulosas, labios carnosos y boca sensual. Sus manos son fuertes y grandes. Considera que esta bien dotado y no tiene problemas en decirlo, aunque en el fondo se siente muy vulnerable.
Divorciado, tiene alergia a las relaciones duraderas y  le encanta el sexo, hablar de él y sobre todo practicarlo. Las mujeres son el centro de su vida. A veces piensa que puede resultar un poco pedante, pero no le importa. Hace en cada momento lo que le apetece. No tiene que darle cuentas a nadie.

Le gusta ir de flor en flor. Con cada una vive una experiencia distinta, cada una tiene algo peculiar y distinto a las demás que le gusta. Está acostumbrado a ir con mujeres bandera, preciosas y físicamente perfectas, pero se nota cansado de esa perfección. Quiere conocer a mujeres reales, mujeres de verdad, que le aporten algo más que solo sexo.

Últimamente ha cambiado, puede que por la edad, ahora está más tranquilo, busca una persona especial. Bueno quizás no la buscara, pero la ha encontrado.

Y yo le aporto eso, la independencia de no tener un compromiso, la tranquilidad de saberse amado, de disfrutar del sexo sin tapujos y libremente. Y... amor. Un amor que hace tiempo no experimentaba, pero como más  le gusta a él: sin ataduras, sin compromisos. Conmigo siente que puedes ser él mismo y que no necesita disimular.

EVA SEGÚN DAVID



Eva es una mujer de espíritu joven y apariencia aniñada. No ha tenido una vida fácil, su infancia y adolescencia fueron complicadas. Hasta que conoció al que en la actualidad es su marido y muy joven se fue de casa para vivir con él.

Después de muchos años de matrimonio, de ocuparse sólamente de su casa, de sus hijos y de su marido, se encontró con que al final no se había ocupado lo suficiente de sí misma.Siempre había vivido dependiendo de los demás, lo que le produjo una  permanente  baja autoestima.

Pero con el paso del tiempo ha ido descubriendo muchos aspectos positivos de  sí misma y  ha conseguido valorarse como la mujer  que es, en todos los sentidos. No le quedó más remedio que demostrarse a sí misma  y a los demás que podia caminar sola, con el  único apoyo de su fuerza. También reconoce que algunas circunstancias, como el conocerme a mí, han cambiado totalmente su manera de ver y vivir las cosas.
Físicamente es delgadita, con poco pecho pero con unas curvas bien formadas, cintura pequeña, un trasero adorable  y una largas y bonitas piernas.  Aún no tiene muy claro por qué  llama tanto la atención de los hombres. Yo pienso que sobre todo  es  por su sencilla  pero atrayente sensualidad,  de la que ella no es consciente. Y también  por  su personalidad, es una mujer afable, cariñosa y muy comunicativa.

Sabe que su mejor arma de seducción  son sus ojos, por eso suele pintarlos para resaltar su color verde. Ahora empiezan  a preocuparle  las pequeñas arrugas que se van formando alrededor.

Durante los últimos años han pasado muchas cosas en su vida, cosas que han hecho que sea más consciente de ella misma sexualmente, ha aprendido mucho, y ha empezado a hacer cosas que antes no le gustaban o que no pensaba que se atreveria a hacer. 

Es encantadora su forma de flirtear, muy sutil pero a la vez poderosamente provocativa. Pero siempre hay un punto en el que frena, para no llegar más alla. Dice  que nunca hasta ahora  había tenido un amante y no sería por ocasiones. Reconoce que si quisiera ya tendria unos cuantos.

Pero ahora me ha conocido a mí,“un huracán que ha entrado en mi vida y lo ha trastocado todo, un amigo sin compromiso y que la hace sentirse viva. Que no la juzga y que la entiende, y sobre todo, que le hace gozar cada sábado con su cuerpo y con su amor”.