martes, 31 de julio de 2012

EN LA DUCHA


Sin decir nada más me dirigí a darme una ducha, estaba sudada y llena de David, así que me metí en la mampara cerrándola detrás de mí.

Abrí el grifo, seguía alucinada con lo que acababa de pasar, había sido la primera vez que probaba el sexo anal y ni yo me lo creía todavía. La verdad era que me había resultado tremendamente satisfactorio, así que estaba segura de volver a probarlo. Quizá cuando llegue a casa sorprenda a mi marido con algo nuevo, pensé.

Mientras el agua tibia resbalaba por mi cuerpo recorría con mis manos mis rincones y seguía pensando en ese hombre que me esperaba en la habitación de al lado, oí un ruido que me sobresaltó, vi como se abría la mampara detrás de mÍ y como aparecía David con una sonrisa pícara y preguntando ¿se puede?

-¿Qué haces?
-Bueno aun nos queda tiempo antes de que desaparezcas y creo que tenemos que aprovecharlo.
-No sé, bueno pasa - le dije sonriendo por que veía claras sus intenciones.

Seguí con mi ducha como si nada, me gusta hacerme la dura, sobre todo con él, pero estaba deseando que me tocase.

Entonces sentí sus masculinas manos por mi espalda y un escalofrío me recorrió desde la cabeza a la punta de los pies.

Me acariciaba despacio, como si fuera el mismo agua resbalando por mi piel, bajaba y subía, entonces le cogí las manos y se las puse alrededor de mi cintura, para que me abrazase.

Su cuerpo mojado se pegó al mío y me besó en la nuca, nunca se lo he dicho pero es mi punto débil. Con las manos abiertas me recorrió el cuerpo mientras me besaba, yo me estremecía, y se paró entre mis piernas, agarrándome fuertemente para que no me escapara.

Me giré y le vi de nuevo con esa expresión de deseo. Al darme la vuelta pude sentir que  estaba dispuesto a otra sesión de las nuestras, su miembro ya estaba duro y tremendamente erecto.Se lo cogí y manoseé entre mis manos para confirmar lo que veía con mis ojos.

-Veo que tienes una gran capacidad de recuperación ¿eh?
-Eres tu, no soy yo, tu  haces que sea así.

Le besé, el agua se metía entre nuestros labios, estábamos tan mojados que nuestro tacto resultaba irreal.

Me cogió en volandas y me estampó contra la pared, no me hizo daño, pero estuvimos a punto de caernos al plato de la ducha.


Me besaba el cuello bajando hasta mis pechos y bebía de ellos el agua que caía como si fuera una fuente, cada vez me excitaba más, tanto que no podía esperar para tenerle dentro de mi de nuevo.

Puse un pie en el suelo para no perder el equilibrio y esa postura fue la que le abrió el camino para meterse en mí. Yo estaba tan excitada que casi ni lo noté hasta que estuvo completamente dentro.

Y solo pensé "guau, este tío es bestial", llegaba a mi punto G, donde nunca había llegado nadie, y mis movimientos sólo podían hacer que permaneciera ahí.

Así, cada vez más dentro, era alucinante, sólo quería comerme su boca y sentirlo dentro de mí.

De repente fue como si se volviera loco, empezó a darme fuerte, noté que iba a correrse en poco tiempo y no quería, así que lo frené.

-Despacio, más despacio.

Bajó el ritmo, así despacito, sentía como entraba y salía, y como siempre con él tuve un orgasmo detrás de otro, hasta volverme loca de pasión.


Entonces fuí yo la que subió el ritmo, nos movíamos fuerte, sin despegarnos, contraía mis músculos para darle más placer, sé que lo notó porque aceleró, y en dos o tres sacudidas más se corrió. Lo hizo más fuerte que otras veces incluso con un pequeño gemido que no había oído antes.

- Bueno, ahora me voy a terminar de duchar ¿Vale?
-Si,- contesto entre suspiros.

 
Mientras se iba me dió la sensación de que le había excitado mucho llevar la iniciativa, así que decidí dejar de ser tan mandona con él. Después de todo supongo que estará acostumbrado a ser el que lleva el ritmo y no quería que se cansara de mí.

domingo, 22 de julio de 2012

BRUTAL



Cuando ella se sentó a los pies de la cama y comenzó a bajarme los pantalones empecé a darme cuenta de dónde me había metido de nuevo.

Allí estaba otra vez con Eva, aquella mujer desconocida que se disponía a chuparme la polla. ¡Y cómo lo hacía! Lo hacía con tal ansiedad que  en algún momento pensé que mi miembro iba a desaparecer en su boca como si fuese un caramelo. 

La veía tan extasiada… que hasta me daba un poco de miedo.  De vez en cuando me miraba con cara de niña golosa y me daba cuenta de que se lo estaba pasando como nunca. Yo también, debo decirlo.

Experta en el arte de dejar las cosas sin dar explicaciones  se levantó , me besó y manoseó todo lo que quiso, hasta que se dio la vuelta y se puso a cuatro patas sobre la cama mostrándome su hermoso culo. No era un gran culo, exuberante o carnoso, no , era un culo que en la calle pudiera pasar por normalito,  pero  sabía cómo ponerlo para conquistar a un hombre.



Comprendí sus señales de  acércate y comémelo. Así  lo hice, me acerqué  y comencé a bajarle las bragas para poder hacerlo a gusto. Las bajé lo suficiente hasta poder  ver ante mis ojos aquellas apetitosas nalgas. Con sutiles movimientos Eva me dejaba ver o me escondía su apetitoso coño y su ano, al que veía por primera vez.

Paseé  mi mano por ellas, bajando después hacia la entrepierna , tocando ligeramente su clítoris para ver en qué punto de excitación estaba. Miraba aquellos labios, húmedos e hinchados por el deseo, y  mi cabeza sólo pensaba en atacar como un jabato aquella deliciosa entrada que se me ofrecía de nuevo,  cuando de repente  Eva se bajó del todo las bragas y  cogiéndome la polla acercó a su trasero hacia mí.

Creí que iba a introducirlo en su coño, pero no, para mi sorpresa mojó con saliva su ojete y dirigió mi miembro  hacia él.


Debo confesar que mi experiencia con el sexo anal además de escasa siempre ha sido poco placentera. Las pocas veces que intenté practicarlo la cosa salió bastante mal, bien por mi falta de tacto o bien por el rechazo de aquellas mujeres a realizarlo. Por eso me sorprendió que Eva estuviera dispuesta a no sólo a hacerlo si no que ella misma tomase, como casi siempre, la iniciativa.


Sin necesidad de ponernos de acuerdo nuestros movimientos se sincronizaron perfectamente. Primero fuí introduciéndo suavemente mi glande, intentando dilatar su esfinter, para así no producirle daño. Ella hacia movimientos circulares con su cadera a la vez que empujaba hacia mí sus nalgas para facilitar la entrada. Al principio íbamos con mucha cautela, pero a medida que vimos que el glande se había introducido sin problemas, el meter todo el pene fue mucho  más fácil. 

En ese momento la cosa se tornó  incontrolable, el placer de sentir mi miembro dentro del trasero de Eva no lo puedo describir. Creo que a ella le pasó lo mismo pues tuvo varios orgasmos seguidos. Dios, cómo me excitaba verla así, ¡gimiendo porque se la estaba metiendo por el culo…! Hasta que ya no pude aguantar más. Mi corrida puedo decir que fue fabulosa, larga, incontrolable…acojonante. Eva se estremeció en un último orgasmo.



Los dos, agotados, nos caímos sobre  la cama. Yo estaba encima de ella, dejé que mi polla fuese perdiendo su erección dentro de su ano, que mi semen lo inundase, para que Eva lo sintiera allí dentro, calentito… Su esfinter producía ligeros espasmos y apretaba el tronco de mi pene, como queriendo que aquello no saliese de allí.Noté que el esperma ya rezumaba por sus nalgas y llegaba hasta las piernas.Entonces la saqué. Eva emitió un gemido que acabó en un profundo suspiro. Besé su espalda y me miró. Los dos nos reímos.

- Guau. 
- Guau.
-¿De nuevo lo habías reservado para mí?
-Claro.No puedo fallar.


Se giró, mirándome a los ojos

-¿Sabes, es la primera vez que hago esto?
-¿Y qué te ha parecido?
-Brutal.
-¿Habrá que repetirlo, no?
-No lo sé, ya veremos.
-Aún nos queda una hora.
-Justo para darme un bañito y salir pitando.

 
Eva se levantó, me dio un beso y se dirigió al baño. Cerró la puerta y oí cómo hacía pis.

Mi imaginación comenzó de nuevo a trabajar y noté cómo en mi entrepierna algo empezaba a  recuperarse y ponerse duro.

lunes, 16 de julio de 2012

¿SEXO ANAL? ¡SÍ!


Me despedí de él aún sintiéndole dentro de mí, aún sintiendo sus labios recorriendo mi cuerpo y mi boca. Sintiéndome mal por como le había tratado, ¿por qué he sido tan borde?, yo no soy así. No paraba de preguntarme lo mismo y llegué a la conclusión de que al final había hecho bien, aunque me había resultado muy duro hablarle así.

Sentía unas ganas terribles de llamarle para quedar antes del sábado, pero no quería ser demasiado fácil, me gustaba ponerle las cosas difíciles.

Por primera vez en mi vida estaba haciendo lo que yo quería, por primera vez tenía un hombre como él que solamente quería follar, sin ataduras, un hombre que se dejaba hacer y que, de momento, me seguía el rollo.

A veces tenía la tentación de ponerme en su lugar y me sentía culpable, pero no, tengo que mantener las distancias. No quiero involucrarme demasiado con él, esta relación tiene que ser así o si no, no podrá ser. Puedo meterme en un gran lio si no es de esta manera.

Esperaba ansiosa que llegase el sábado, cuando llegó el momento y acudí a la cita, le vi de lejos, alli esperando por mí. Lo primero que pensé fue ¿realmente ese pedazo de tío está esperando por mí? ni yo misma me lo creía aún.


Me había preparado muy bien para ese momento, mi mejor ropa interior, mi vestido más sexy  y sobre todo unas ganas terribles de estar con él.
Cada paso que me acercaba a él, era como recorrer un kilómetro, en mi interior algo me decía que no fuera, que le diera plantón y me olvidara de esta historia. Pero de nuevo decidí hacer caso a mi instinto y no a mi mente.

Me colocaba el pelo, el vestido, ¿estaré bien?, ¿no será demasiado? ¿va a pensar que soy un putón? y seguía caminando. Entonces se giró, me vió y me sonrió.

Todos mis miedos desaparecieron con esa mirada, no puedo explicar cómo, pero sólamente con mirarme me excitaba, y no podía pensar en nada más.

Me acerqué él despacio, mirándole a los ojos y sonriendo, supongo que se me podía ver lo que estaba pensando. Cuando llegué a su lado me cogió por la cintura, me acercó a su cuerpo y me besó. Sin decir nada, el contacto de nuestro cuerpo ya lo decía todo.

-Hola preciosa.
-Hola guapo, quiero pedirte disculpas por...
-No te preocupes, se lo que vas a decir, no te lo he tenido en cuenta, se que para ti esto no es fácil, y es mejor así, mantener una cierta distancia. Yo tampoco quiero perder la cabeza por ti, aunque la verdad es que me lo estás poniendo muy difícil ...
-Vale, creo que los dos tenemos las cosas claras, así que ¿dónde vamos?
-De momento vamos a el coche y déjate llevar ¿vale?

Nos metimos en el coche, recorrimos media ciudad, no tenía ni idea a donde me llevaba. Paramos delante de un hotel, que la verdad ni siquiera sabía que existía.

Entramos y pedimos una habitación. Cuando subíamos, en el ascensor, me cogió la mano y un escalofrío recorrió mi cuerpo.

Llegamos a la habitación y al cerrar la puerta le abracé para sentir su calor, él me acariciaba la espalda. Levanté la cabeza y le besé, el roce de su lengua con la mía, me excitó y noté cómo a él también, notaba cómo su estrepierna  crecía y se ponía dura.

Me separé de él y me di la vuelta, caminé por el pasillo consciente de que me miraba, me desabroché el vestido y lo dejé caer mientras andaba. Dejé a la vista, mi ropa interior y mis medias con liguero. Sentía sus ojos clavados en mi culo y eso me ponía a cien.
Me senté en la cama y le esperé. Cuando llegó a mi lado se paró delante de mí, acariciándome el pelo, le desbroché el pantalón, despacio, sin prisa, y se ofreció a mi boca, grande y esplendoroso, como siempre.


No me pude resistir a besarle, su polla parecía tener vida propia, me encantaba ver cómo le excitaba, sentir cómo me desaba era todo un lujo.

La besaba y la chupaba con ansiedad, mientras oía sus gemidos y me agarraba la cabeza para que no me escapara. Entonces me puse de pie, y le arrañé el pecho suavemente con mis uñas, mi boca estaba sedienta de la suya y de nuevo nos fundimos en un beso.
Entonces me dí la vuelta y me puse a cuatro patas encima de la cama. Se puso detrás de mí, y me acarició el culo, lentamente, disfrutando de la vista. Me besó la espalda bajando poco a poco hasta los muslos.


Metió la mano debajo de mis braguitas, rozando levemente mi clítoris, lo que me hizo dar un pequeño gemido, despacio me las quitó. Mientras me seguía besando con sus manos recorría mis puntos más erógenos, los pezones, las piernas, y sobre todo el culo.

 
Despacio empezó a acariciarme y a meterme despacito los dedos, me encantaba pero yo sólo podía pensar en que me metiera su polla, así que le terminé de bajar la ropa interior y se la cogí, para que me la metiera.

De repente se me ocurrió, nunca lo habia probado, ¿y si lo hacemos por detrás? Di por hecho que a él le gustaría, asi que me mojé los dedos con saliva y humedecí mi agujero.


Él me entendió perfectamente y empezó a metérmela poco a poco, para que no doliera, mmmm, nunca pensé que se podía sentir tanto placer con sexo anal.

Entraba despacio, sin prisa, con suavidad,mmmmm qué fuerte. Me excitaba tanto...empecé a tocarme el clitorís mientras él me penetraba por detrás, no podía creer lo que estaba sintiendo. Tanto placer.


Oía sus gemidos, y sentía sus manos nerviosas recorrer mi espalda. Los dos empujabamos fuerte, firme, para que entrase del todo. No sé cuantos orgasmos tuve, pero sé que fueron unos cuantos, no podía parar de correrme.

Cada vez le notaba más fuerte, más grande dentro de mí, y en el momento en él que se corrió en mi ano, fue alucinante. Le sentí derrumbarse sobre mi espalda, exausto, sudoroso, y con la respiración agitada, y me encantaba. Notaba como su esperma bajaba por mis muslos, caliente, y no quería moverme.

Pero acerté a decir,¡ Guau!, y los dos nos echamos a reir.

sábado, 30 de junio de 2012

LAS BRAGAS DE EVA



De nuevo llegué a casa hecho polvo. No sabría situar las cosas que me habían pasado aquella tarde.
Sólo recuerdo aquellas manos recorriendo de nuevo con frenesí mi cuerpo y aquella boca que era capaz de besar como nadie.
  
Cuando enfilé mi coche hacia las afueras tal como me pidió ella, mi mente estaba elucubrando qué paso sería el siguiente. Lo primero buscar un sitio discreto e íntimo, un descampado. Conocía algunos, pero a esas horas sin duda estaría abarrotados, así que me dirigí al de la playa.


Por el camino no nos dijimos nada. Ella me miraba de vez en cuando y sonreía. Yo seguía hipnotizado mirando sus piernas y las braguitas que ella se ocupaba  de mostrarme de vez en cuando, haciendo como que se ajustaba la falda. 

Tenía las piernas separadas y… mi cabeza empezó a funcionar, me imaginaba su coñito peludo y sabroso  debajo de aquellas braguitas, allí al alcance de mi mano.


Su silencio hizo que reprimiese las ganas de acercar a mi mano y empezar a acariciarle sus muslos, su entrepierna, sin duda caliente y suave…


Me hice una película imaginado la escena… aparcaría y me tiraría a ella sin dejarla reaccionar, me comería su boca, estrujaría sus pechos salvajemente, le quitaría las bragas y la sentaría encima de mí, para poder penetrarla por detrás...

Noté que de vez en cuando me miraba, debía saber lo  que estaba pensando porque a veces miraba hacia abajo, contemplando mi paquete que en esos momentos estaba rabiosamente abultado.

Al fin llegamos. Apenas hube frenado sentí cómo me cogía por el brazo y se abalanzaba hacia mi boca. Casi no pude reaccionar. Sus labios se comían mi lengua sin respiro. Después ya no sé bien lo que pasó.


Recuerdo que empezó a quitarme la camisa y a besar mis pechos ,bajando hasta la barriga donde se entretuvo mordisqueando mi ombligo. Era la primera chica que me hacía tal cosa.


No sé cómo lo hizo pero me tuvo completamente a su merced desde el momento que me sacó la polla y comenzó a chupármela de una manera tan… convicente.  Pensé que todo iba a quedar en una gran mamada, allí en aquel aparcamiento.


Me sentí como un adolescente al que por primera vez su novia se la toca y se la chupa. Creí que iba  acorrerme pero ella de repente se retiró dejando mi miembro abandonado y hambriento. Se levantó y volvió a su asiento.

De nuevo pensé que todo había acabado allí. Estaba muy molesto porque ni siquiera aquello  había acabado en un corrida. Pero cuando vi que se estaba quitando las bragas supe que aún faltaba lo mejor.De nuevo se puso a horcajadas y con gran dominio cogió mi polla y la guió hasta metérsela, suaaaaaavemente.

Aquella vagina sabía cómo tratar a un pene. Con delicados movimientos de cadera Eva consiguió dominarlo por entero. Sus labios lo succionaban una y otra vez. Mi glande pedía socorro a gritos. Nunca pude imaginar tal placer.


Cuando ya no pude más me abalancé sobre ella y comencé a besarla, con violencia, como no queriendo que aquello se acabase. Pero sus movimientos y sus jadeos anunciaron un cercano orgasmo, así que me excité y…. ambos conseguimos corrernos a la vez.

En esos momentos no existía ya el mundo para mí. Allí estábamos los dos gritando y jadeando como animales, intentando alargar los más posible aquella explosión de placer. Intenté aguantar, hasta que ella dejó de tener aquellos pequeños espasmos que delataban sus orgasmos finales.

Nos quedamos en esa postura un buen rato ,abrazados, agotados, sin decirnos nada, no podíamos separarnos. El sudor de nuestros rostros se mezclaba cuando con nuestros labios apurábamos los últimos besos.

Eva se levantó y volvió a su asiento. Como toda mujer previsora sacó unas toallitas del bolso y se limpio la entrepierna. 

El interior de su muslo rezumaba el líquido espeso y pegajoso de mi semen.
-  Vaya, parece que estabas a tope.
-  Y que lo digas, me he estado reservando para este momento.
- Se agradece.

Me tendió una toallita para que yo me limpiarse. Mientras lo hacía ella se ajustó las medias y el vestido. Se puso los zapatos que se había quitado en medio del frenesí.
- Ya es tarde, dijo. Vámonos.
-¿ No quieres tomar algo? Hay un bar aquí cerca.
-  Bueno rápido,  tengo que ir a casa a ducharme antes de que vuelva mi marido.
- Está bien.

Arranqué el coche y me dirigí a una especie de merendero cercano. Notaba a Eva un poco nerviosa y apagada. Supongo que sería por el “terremoto”. Nos fuimos a una mesa algo apartada.

-Qué te pasa, te noto algo nerviosa.
- Bueno si te digo la verdad es la primera vez que me voy a tomar algo con un chico… desconocido.
-¿Desconocido? ¿Te parece poco después de lo que hemos hecho?
- Sí, pero sigo sin conocerte.
- Bueno, eso tiene fácil arreglo, quédate conmigo esta noche y así…
- Ya te he dicho que tengo cena.
- Al menos…¿Pensarás en mí?

- Creo que no podré evitar hacerlo. Desde que te conocí en aquel bar no he hecho otra cosa.
-Yo también.
-No seas embustero. Un chico como tú no creo que pase "hambre".
- Sí pero tú me haces sentir algo que nunca había experimentado. He follado con muchas chicas. Pero ninguna como tú.
-Se agradece. Desgraciadamente no puedo decir lo mismo.
-¿Con cuántos hombres lo hiciste?
- ¡Qué te importa!
-¿No dices que quieres que nos conozcamos?, pues habrá que empezar por ser sinceros el uno con el otro.
-Sólo lo hice con mi marido.
-¿No jodas! Es imposible, esas cosas que me haces, cómo las haces, no es de una principiante.
-Sí, pero el que sólo haya follado con un hombre no quiere decir que me monte mis fantasías.
- ¿Quieres decir que estás practicando conmigo?¿Que estás llevando a cabo tus fantasías sexuales conmigo?
-La verdad…sí.
-Pues te mereces más que un aprobado. Quisiera que siguieras haciéndolo…
- No lo sé… ya veremos, tengo muchos candidatos, muchos conocidos que se mueren por acostarse conmigo.
- Pero no son como yo.
-Eso ya lo sé. Bueno, ahora sí que tenemos que irnos.

Volvimos al coche y cuando se puso a abrir la puerta la abracé por detrás e intenté besarla pero Eva me quitó de encima con un contundente empujón.
-No te pases. Ya has tenido tu ración.
-Sólo quería darte un beso.
-Ya no.


Contrariado me subí al coche y volvimos a la ciudad. Tampoco nos dijimos nada. Eva estaba muy seria. No pensé que se fuera a tomar tan mal lo del abrazo. En fin, mujeres, pensé.

La dejé de nuevo en el banco. Al marchar ella me dijo escuetamente:
-El sábado aquí, a la misma hora.


Y se fue sin mirar  atrás. Al arrancar me fijé en que había algo en el suelo del coche. Me agaché para recogerlo y vi que eran sus bragas de encaje. Allí estaban,  las hermosas y excitantes braguitas negras de Eva. Ufffff. 


lunes, 25 de junio de 2012

SÓLO DOS HORAS




 A lo mejor me estaba volviendo loca, no lo sé, la verdad es que en ese momento no lo pensé. Solo me dejé llevar, estaba haciendo lo que mi cabeza y mi cuerpo me pedían a gritos. Tení a que estar con él o si no me fallaría a mí misma.


Me subí a su coche, cuando lo pienso fríamente , creo que en ese momento no era yo, de nuevo estaba poseída por el deseo. 

Me preguntó a donde íbamos, la verdad es que me daba igual, solo quería que me follara, así de claro. Solamente quería tenerlo de nuevo dentro de mí, no me importaba nada más.

Durante el trayecto no hablamos mucho, no teníamos una dirección concreta así que durante unos minutos vagamos por las calles  y carreteras secundarias de la ciudad. Seguramente buscando un  sitio discreto donde dar rienda suelta a nuestros deseos.

Sentada a su lado, me acariciaba las piernas, y me levantaba ligeramente la falda, todo para provocarle, para que no perdiera el interés. Solo el sentirle cerca de mí, me excitaba, mi respiración era agitada, y me costaba trabajo retener mis ganas de tocarle.
Pasamos por un descampado cercano a una playa, estaba desierto. Le dije que estacionara ahí mismo.

Casi no le dio tiempo a parar del todo el coche, en cuanto lo hizo me tiré a sus brazos, no aguantaba más. Se quedó un poco sorprendido. Me lancé a sus labios con ferocidad, llevaba muchos días pensando en esa boca, en esa lengua, y me sumergí en ella.

Él me abrazaba, podía sentir todos sus músculos en tensión, sentía como su boca me respondía, su lengua jugaba con la mía. Durante un segundo paramos, nos miramos y nos echamos a reír.

- Tenía tantas ganas de verte, y tenemos tan poco tiempo.
- Sigue, no pares, no pierdas el tiempo hablando.

Dejé de reír y comencé a desabrocharle la camisa, mirándole a los ojos, quería que notase mi profundo deseo. Él sonreía y me dejaba hacer.

Con alguna dificultad, conseguí ponerme a horcajadas  sobre él, dejando a la vista la parte alta de mis muslos y mis braguitas negras especialmente escogidas para la ocasión.

Seguí desabrochándole y comencé a besarle el pecho, metí mis manos por debajo de su camisa, suavemente, y descubrí que tenía cosquillas.
De nuevo le besé, recorrí todo su cuerpo con mis manos, y llegué a su entrepierna. En ese momento ya estaba totalmente empalmado. Así que busqué la palanca del respaldo y le eché para atrás.

 
Durante todo el tiempo él tampoco dejaba de recorrer mi cuerpo con sus manos, no se le borraba la sonrisa de la boca, y eso me ponía a cien.

Le desabroché del todo la camisa y dejé al descubierto su hermoso torso, su cuerpo formado.


Era tan sexy… Le besaba el pecho y bajé hasta el ombligo, metí mi lengua en él, noté que se estremecía.  


Despacio le desabroché el 
cinturón, luego el botón y por fin la cremallera del pantalón y dejé que me ofreciera lo que más había deseado durante estos días, su miembro, grande caliente y duro, se mostraba a mí en todo su esplendor. De nuevo era mío, y sólo mío.

Lo besé, con mi lengua lo recorrí entero y le di unos pequeños mordisquitos. Entonces levanté la cabeza y le miré, estaba desencajado, tan excitado…

Mientras nos mirábamos acariciaba con mis manos su pene, haciendo que creciera hasta casi explotar. Pero todavía no quería que se corriera, no tan pronto. Me quité de encima suyo para quitarme mis braguitas.


De nuevo me puse encima sin soltarle en ningún momento, estaba tan húmeda que no me costó trabajo metérmela.

Despacio, poco a poco, fue entrando en mí, de nuevo podía sentir como se movía dentro. Teníamos poco espacio, así que los movimientos eran pequeños pero muy intensos.

En un segundo de lucidez, pensé que no era yo la que estaba en ese coche o quizá era más yo que nunca.


Se movía debajo de mí, con insistencia, me acariciaba los muslos y subía por mi espalda. De repente se incorporó y me besó, noté que era un beso más cálido que los anteriores, como si en ese momento sintiera que yo era la única mujer en el mundo.

Movía mis caderas y nos adaptamos fácilmente al ritmo del otro, nunca me había pasado, tanta compenetración, los dos sabíamos perfectamente lo que queríamos.


Mi cadera hacía círculos y se movía de arriba abajo. Nos abrazamos, tan fuerte que parecía que nos íbamos a partir, no nos queríamos soltar. Nos fundimos en uno, tan fuerte, que cuando llegamos al clímax, lo hicimos a la vez.

Los dos nos quedamos abrazados, temblando, besándonos. Creo que él también pensaba que aquello era como un sueño, que no podía ser real.