jueves, 6 de septiembre de 2012

JUEGOS ERÓTICOS


Toda la semana me la pasé nerviosa, pensando en lo le iba a hacer a David el sábado, la indiferencia de mi marido me llenaba de rabia y quería desquitarme a toda costa.

Nada más despertarme mi pensamiento fue él, y me preparé solamente para él, no pensaba en nada más. Me puse el conjunto que había comprado en la tienda de lencería, y me sentía tan sexy que solamente pensar en que las manos de David iban a tocarme en pocas horas, me excitaba.


Cuando se acercaba la hora me eché mi mejor perfume, de un olor suave, a rosas, pero penetrante, lo justo. Mi falda negra con una gran raja a un lado, las medias de liga y los tacones. Pocas veces me vestía así, pero la ocasión se lo merecía.

Salí con tiempo de sobra, y decidí hacer una parada para darle una sorpresa, seguro que no se lo espera.

Cuando llegué a su casa llamé al timbre, mi corazón ya se estaba poniendo a cien, no lo podía evitar, aún me ponía nerviosa. Abrió, y ante mí de nuevo tenía ese cuerpo, "Madre mía", pense, "Dios, como está".

-Hola cielo
-Hola preciosa, estaba esperándote, llegas un poco pronto.
-Ya veo que no te ha dado tiempo de vestirte.
-Estaba dándome una ducha .
-Bueno total, tampoco te iba a durar demasiado tiempo la ropa puesta ¿no?

Le di un pequeño empujón y lo metí dentro cerrando la puerta detras de mí. Me encantaba jugar con él a ser mala y agresiva, porque en la realidad no lo era.

Caminaba delante  mientras el reculaba, hasta que chocó con el repaldo del sofá, me miraba con ojos hambrientos y una sonrisa de oreja a oreja, esperando a ver qué le iba a hacer. Entonces saqué algo de mi bolso.


-¿Te apetece?
-¿Y eso? no sabía que te gustasen esas cosas.
-Bueno nunca lo he probado, pero hoy me apetecía.

Había comprado una esposas en un sexshop, siempre me habían llamado la atención y nunca lo había hecho.

-Por favor, deme las manos.
-Si señora, ¿estoy detenido?
-Bueno, ya veremos como se porta....

Le puse las esposas en las muñecas por delante del cuerpo, le cogí de ellas y me lo llevé a la habitación como si fuese un reo, detras de mí, oía sus pasos y su respiración.


Le senté en la cama, -pobrecito- puse mi pie en su hombro y le di un pequeño empujón para que se echara.

Me puse a cuatro patas encima de él, mi pelo le rozaba el pecho, me movía muy despacio, intentaba tocarme con las manos atadas.

-No, mantenga las manos en alto- y le elevé los brazos por encima de la cabeza- No se mueva y tenga las manos quietas.

Durante un segundo me quedé mirándole seria, con mi pelo cayendo sobre su cara, y de repente nos entró a los dos la risa.

-Shhhh, dejame hacer anda.

Dio un gran suspiro y cerró los ojos, estaba completamente entregado a mí y no creo que estuviera acostumbrado a dejarse llevar.

Recorrí su cuerpo sin tocarle, sólo con el roce de mi pelo, como si le estuviera oliendo, para que notase mi calor y aumentara el deseo.


Comencé a acariciarle con la punta de los dedos, muy despacio y descubrí que tenía cosquillas, le arrañaba el pecho despacito con mis uñas, sin hacerle daño, solo para que las notara.
Me senté a horcajadas encima de él, y pude notar que estaba bastante excitado.

-Mmmmmm, me encanta como hueles, recién duchadito,mmmm.
-Déjame que te quite esto- Dijo intentando quitarme la camisa.
-¡No!Las manos en su sitio.
-Vale.

Yo seguía sonriendo mientras le miraba,  Entonces empecé a desabrocharme la camisa, poco a poco, botón a botón, hasta que se pudo ver mi sujetador, me la quité.

Despúes desabroché la falda, él me miraba devorándome con los ojos, sé que se moría de ganas por tocarme, me la quité, y supongo que le gustó mi conjunto  por que no pudo evitar soltar un  ¡Guau!. 

Eso me excitó tanto, me sentía tan bien, tan mujer, que de repente no pude evitar pensar en mi marido, sentía pena, por que le seguía queriendo.

-¿Estas bien? De repente te has quedado tan seria.
-Lo siento cielo, solo son fantasmas, fantasmas y nada más, ahora estoy aquí y soy toda tuya.

Me acerqué a su boca y le besé, nuestos labios se pegaron como si nunca se hubieran separado, mi lengua recorría su boca, no quería dejar ningún rincón sin descubrir, seguí besándole por el cuello y lamiéndole el pecho, esos pezones que me volvían loca y que estaban tiesitos, me encantaba chuparlos, y él se volvía loco cuando lo hacía.

Seguí bajando, por la barriga, el ombligo, y entonces me encontré con...la toalla, me había olvidado que la tenía puesta. Ningún problema, se la quité y allí estaba de nuevo su polla tan expléndida como siempre. La acaricié, como si se me fuera a escapar, estaba muy ansiosa pero no quería que se me notara, así que le acaricié un poco y seguí bajando por sus piernas, hasta los pies.

Me puse de rodillas en el suelo y le besé los pies, metía mi lengua por entre sus dedos y cada vez que le daba un pequeño mordisquito en las yemas, notaba como pegaba un pequeño brinco.Le notaba retorcerse a cada movimiento.


Volví a subir de nuevo, y esta vez no pude evitar pararme en su polla, era magnífica, y empecé a chuparla poco a poco, pasándole  la lengua de arriba a abajo para mojarla bien, mientras la masajeaba con mis manos para que el placer fuera mayor.

Con la punta de mi lengua le rocé el glande, su punta, y sentí un quejido, mmmm qué rico, me encantaba su sabor, me encantaba chuparla y chuparla como si fuera un caramelo.

Por momentos me la metía entera en la boca y podía sentirla en el fondo del paladar, pero no aguantaba mucho, por que me ahogaba, así que la sacaba de nuevo y volvía a empezar, estaba muy excitada, pero él más e intentaba bajar las manos para tocarme, pero cada vez que lo hacía yo se las volvía a levantar.

Le miré por entre mi pelo, y vi cómo me miraba, con los ojos desorbitados, pidiéndome más.

Aguanté un rato, parando de vez en cuando para que no se corriera por que me estaba gustando chupársela despacio, y cada vez que lo hacía, soltaba un pequeño quejido, pero en un momento ya no pude más, hice que terminara succionándosela, por la punta, y con mis manos, y se corrió, no pude evitar que me entrara en la boca, estaba tan excitada que ni me enteré, pero no lo tragué.


Me quedé encima rozándome con él, porque seguía muy excitada, mis caderas no paraban de moverse, de rozarse con su pierna.

-Quítame las esposas, ahora te toca a ti..
-Mmmm vale....

viernes, 31 de agosto de 2012

MI CITA CON SILVIA



Se había hecho muy  tarde así que nada más irse Eva lo primero que hice fue llamar a Silvia para avisarla de que llegaría tarde. Le di la disculpa de que tenía un trabajo que acabar en el ordenador. Me dijo que no importaba y que si me venía mejor podría comprar algo para cenar y venirse a mi casa para hacer una velada… ¿romántica?

Le dije que de acuerdo, que casi mejor pues estaba algo agotado.

-¿Agotado? No te preocupes, yo tengo el remedio. Verás cómo se te pasa enseguida.
- No lo dudo. Te estaré esperando… estoy hambriento.
-Yo también. Ñam. En una hora estoy ahí.


Cuando colgué me dije, madre mía, cómo está de caliente.
Así que me metí en la ducha  con la intención de acabar rápidamente. Pero cuando me estaba enjabonando no pude dejar de pensar en el 69 que me había trabajado con Eva. A mi cabeza volvió a surgir la imagen de aquel húmedo y sabroso coñito.  Recordé  cómo su lengua lamía mi glande y cómo sus labios succionaban toda mi polla pareciendo que de un momento a otro iba a tragársela… Así que no pude evitar volver a excitarme. Al pasar la esponja por mi pene, ya recuperado, no pude resistirme y comencé a hacerme una paja. Mi intención era no llegar hasta el final pero las sensaciones, los olores y las  imágenes estaban tan frescos en mi memoria que no pude aguantarme y seguí... También me excitaba el hecho de reencontrarme con Silvia, era un auténtico bombón, siempre estuve muy encoñado con ella. Así que sin poder controlarlo, Eva y Silvia se mezclaron en mi mente…  mi semen salió disparado hacia la mampara del baño. Uffff.
Cuando me relajé me entró un amargo ataque de mala conciencia. Joder… ¿notará algo Silvia? Siempre había cumplido muy bien con ella, pero hoy… Bueno, pensé, en peores movidas me he visto envuelto.

Así que cuando llegó Silvia con aquel vestidito que me permitía ver que seguía tan buena como siempre se me olvidó todo. Silvia no era una chica exhuberante, era más bien delgada pero con un cuerpo felino y unas largas piernas que te hacían soñar con perderte en ellas mientras las recorrías con los labios. Tenía más o menos mi edad, treinta años. Había hecho sus pinitos como modelo y actriz, pero al final acabó trabajando en una tienda de ropa.

Aprovechamos la cena para contarnos cosas del trabajo, de los amigos comunes… Y por supuesto de nuestros ligues. Tanto ella como yo siempre alardeábamos de que no nos duraban más de una noche. Así que no le conté lo de Eva.


Acabada la cena, y el vino, nos fuimos al sofá. Ni siquiera nos dio tiempo  a sentarnos y ya estábamos metiéndonos mano como locos.


-¿Tienes algo para mí?, me dijo.
-Ya sabes que sí.
-¿Sólo para mí?
-Sólo para ti.
-Serás mentiroso…


Como queriendo comprobar que le decía la verdad, Silvia empezó a estrujarme la entrepierna.Después la sacó y mirándola dijo:

-Veo que sigue igual de guerrera. Como a mí me gustan.


Y sin más comenzó a chupármela. Lo hacía muy bien, de una manera lenta, sensual, como temiendo hacerme daño. Veía allí abajo su cabeza moviéndose rítmicamente. No pude evitar acordarme de cómo hace pocas horas Eva me la había estado chupando también. Dos bocas para una misma polla. Eso me excitó. También recordé cómo Eva había evitado que me corriese en su boca y cómo me había dejado frustrado. Así que quise desquitarme y dejé que Silvia hiciese todo el trabajo.

-¿Sigo o quieres que pasemos a otra cosa?, me dijo mirándome.
-Sigue, sigue… acaba.



Silvia, sacudió su rubio pelo y volvió a la faena. Sabía cómo hacerlo. En dos minutos estaba corriéndome en su boca. 

Silvia me miró con la boca abierta, riéndose y enseñándome  el semen que se iba a tragar. Así lo hizo y  con su lengua lamió lo que tenía en los labios.Pensé, Silvia 1- Eva 0.


-Ummm. Sigue igual de sabroso y calentito.
-¿Te gusta? A algunas mujeres no.
- No saben lo que se pierden.
- A mí me encanta que lo hagas.

Hizo ademán de besarme, pero le recordé que para mí no sería agradable probar mi propio semen. Se rio y me dijo que la esperara en la cama mientras iba a lavarse la boca.
Cuando entré en la habitación comprobé con horror que no había hecho a cama. Seguía revuelta, muy revuelta, no en vano había sido el escenario de un brutal 69. Así que la arreglé como pude.Me quité la ropa y la esperé tendido.

Cuando Silvia entró, pude ver su sutil silueta a través de la puerta. Estaba desnuda. Tenía una figura delicada, pero perfecta. Sus movimientos eran muy felinos… y eso me ponía.


Se acostó a mi lado y comenzó a besarme el pecho y acariciarme. Me cogió la polla que aún estaba un poco flácida e intentó animarla. Lo consiguió muy pronto. Me preguntó, con tono  insinuante y sensual:

-¿Qué te apetece que hagamos con esto?
-Creo que ahora me toca a mí decidir, ¿no?
-Mmmmm.
-Te la voy a meter hasta el fondo.
-No seas bruto. Ya sabes que es mi primera vez.

A Silvia siempre le había gustado el juego de hacerse la virgen y novata.

-No te preocupes, déjame a mí…


Así que tomé la iniciativa y poniéndola de espaldas sobre mí comencé a besarla y acariciarla. Cogió mi polla y empezó a frotársela en su coño. Pude comprobar que estaba muy húmedo. 

Silvia se movía y gemía como si estuviera descubriendo  un placer nuevo y desconocido.



Después, delicadamente, comenzó a introducir mi polla en su vagina.

-Suave, suave, señor. No me haga daño, me decía con voz inocente.

Silvia estaba metida en su papel. Siempre lo hacía. Se excitaba ella y me excitaba yo. Cuando introdujo todo el pene lanzó un grito

-¿Te hago daño?
- No, no. Sigue, sigue...ummm.

Yo estaba  aguantando bien, por la tres corridas que había tenido aquel día. Es más, tenía miedo de que al final no me saliese nada. Pero ya no podía parar. Silvia seguía aumentando la intensidad de sus gemidos. Como para dejarla así.


Y de nuevo me acordé de Eva. Es curioso, aquella tarde cuando lo estaba haciendo con ella me acordé de Silvia y ahora… Vino a mi mente el día que se la había metido por el culo y pensé que a Silvia le gustaría hacerlo. En realidad nunca lo había hecho con ella y no sabía si ella lo habría probado alguna vez. Era igual, había que intentarlo. Así que paré. Silvia abrió los ojos y me miró sorprendida:

-¿Qué haces, por qué te paras ahora?

Sin decir nada la cogí por la cintura y la dí la vuelta. Con los fluidos de su coño mojé su ano y cogiendo mi polla la dirigí hacia él. Era tal mi excitación que no esperé a que el esfínter se dilatara. Así que cuando se la metí Silvia dio un grito.

-¿Qué haces?


Seguí,ya no podía dar marcha atrás. Oí cómo Silvia gritaba y se revolvía hasta que consiguió separarse de mí,

-¿Qué haces joder? ¿Ibas a metérmela por el culo?
-Lo siento, creí que te iba a gustar.
-Eres un cerdo. Es asqueroso, para que te enteres. Nunca lo he hecho, ni lo haré.
-Tú te lo pierdes.
-Joder David, esas cosas se preguntan.
-Lo siento.

Me miró y al ver mi cara de consternación se acercó, abrazándome.

-Bueno, también sientoyo  haberte cortado el rollo.Sabes que siempre estoy dispuesta todo, pero es que me pillaste desprevenida. No me gusta eso de que me la metan por ahí, me da algo de repelús y tengo el culo muy sensible. Quizás otro día.


Me besó y los dos nos echamos abrazados en la cama. Se nos cortó el rollo. Sin decirnos nada más nos quedamos dormidos. 

Silvia 1- Eva 1.Empate.

Al día siguiente se despidió de mí con un:”Hasta el próximo año, bribón”.


Yo me dije. ¡Qué ganas tengo de que llegue el sábado!

Consciente de mi cuerpo


Después de mi encuentro con David, pienso en lo que me ha dicho. Realmente no me gusta el sabor del semen, se que a  ellos les excita mucho que te lo tragues, pero nunca lo he hecho y creo que no lo haré. Supongo que se ha sentido algo decepcionado por eso, pero creo que todo lo demás que hacemos lo compensa. Así que dejo de darle vueltas y me meto en el coche para regresar a casa, supongo que mi marido se estará preguntando donde me he metido, salgo a comprar y me paso todo el día por ahí. Pero está acostumbrado a mis ausencias cada vez más frecuentes.

Cuando llego a casa le veo sentado al ordenador, sin darse cuenta de que yo no estaba en casa, eso me hace sentir que en absoluto le importa mi ausencia, que sólamente vive para él y pienso que tengo que seguir con mi vida, que no puedo esperar a que reaccione.

El día siguiente voy a trabajar, me levanto con un halo de tristeza por la indiferencia de mi marido, pero afronto el día con optimismo. Si él no quiere ver lo que tiene delante, problema suyo, yo no le voy a estar esperando. Puede que todo lo que me está pasando últimamente, mis cambios, mis relaciones furtivas con David, sea por que me estoy encontrando a mí misma, por que está surgiendo de nuevo la mujer que había estado dormida durante tantos años... pendiente de la casa, de los niños y de mi marido. Ahora vuelvo a ser yo, una mujer madura pero con mucho que ofrecer y me siento tan bien...

Después de trabajar decido ir a comprarme ropa algo sexy para el sábado, me dirijo a una tienda de lencería que conocía pero a la que nunca he entrado. Detrás del mostrador  un hombre, cosa que me pareció curiosa por que suelen ser mujeres, era muy agradable.

- Hola, quiero ver lencería sexy, ¿tienes algo?
- Claro, pero te digo una cosa, una mujer como tú no necesita ponerse nada especial, seguro que con cualquier cosita estas tremenda.
Me hace sonrojarme -Gracias-


Sacó varios modelos, a cual más bonito, hasta que vi un conjunto de encaje negro que me gustó.
-¿Puedo probarlo?
-Claro, pasa al probador.

Según entro en el probador se me viene a la cabeza una idea, ¿y si le digo que me ayude? No, es demasiado fuerte, esas cosas solo pasan en las películas.

El conjunto es espectacular y por una vez decido no mirar el precio. Pero al querer desabrocharme el sujetador no soy capaz, algo se me enganchó.

-¿Estas bien?- Me preguntó el dependiente.
-Bueno, no se que ha pasado, no soy capaz de desabrochar esto....
-Espera que voy.

El corazón se me acelera, ¿que viene? Supongo que estará acostumbrado a estas cosas.
Siento como se abre la cortina detrás de mí, y le veo entrar a través del espejo. Veo como se queda mirando mi espalda.

- Mmmmm, preciosa espalda.
- Mira a ver, no se por que no puedo desabrocharlo.

Me quedo esperando a que me ayude, siento sus manos calientes posándose en mi espalda muy despacio y cómo manipula el cierre del sujetador con delicadeza extrema. Entonces lo desabrocha, pero no se retira, se queda con las manos en mi espalda como si quiera quedarse pegado a ella.

-Ejem, bueno ya está, dijo.


En el espejo pude ver cómo se ruborizaba, seguramente sorprendido por el pensamiento que le cruzó la cabeza. Se dio media vuelta y se fue.


Acabé de vestirme, me di cuenta de que una sonrisa insconciente se dibujaba en mi cara, pienso en los motivos por los que últimamente me pasan estas cosas, antes no era así. Pero lógicamente tenía una explicación. Soy yo, irradio sexualidad sin quererlo y eso atrae las miradas, los hombres lo notan.

Me despedí con un "gracias" y una gran sonrisa, y él me la devolvió.

Cuando salía de la tienda noté sus ojos clavados en mí, casi podía adivinar lo que estaba pensando, no era muy difícil.

Llego a casa y veo de nuevo a mi marido al ordenador,

-Hola.




Recibo el silencio por respuesta. Es tarde, me voy a la cama. Dios, que ganas tengo de que llegue el sábado.



jueves, 23 de agosto de 2012

SEXO SALVAJE CON... ¿SILVIA?



Me estaba preparando para salir. Había quedado para ir a cenar con Silvia, una  amiga con derecho a roce  a la que hacía un año que no veía. Vive en Madrid y todos los veranos se viene a pasar unos días por aquí. Es un poco pijilla así que esta vez me había puesto  corbata. Todo por un polvo. Sin duda una vez más acabaríamos en mi apartamento borrachos y con sesión de sexo salvaje. Una vez al año…

Hasta que sonó el teléfono. Era Eva. Hacía dos semanas que no sabía nada de ella. Después de nuestro caliente encuentro en el hotel le dije al despedirnos:

- Bueno. ¿El sábado a la misma hora?
- Casi mejor lo dejamos para el otro. No quiero que mi marido empiece a sospechar de mi repentino interés por dar paseos sola todos los sábados. Si eso ya te llamo.

Hasta ahora. Supuse que después de la experiencia le habrían entrado de nuevo  sus habituales remordimientos de mujer casada. La verdad es que ese día fue brutaL... sexo anal, ducha para dos…

Así que su llamada me pilló un poco desprevenido. De todas formas contesté:



- Hola Eva. ¿Qué tal?
- David, ¿estás muy liado, podríamos vernos ahora?
- La verdad es que estaba a punto de salir.
 - ¿Estás en casa? 
Serán solo diez minutos. Necesito verte.
- Bueno, venga.

Le di mi dirección y esperé. Estaba un poco extrañado por la ansiedad de Eva. Pensé que igual le habría pasado algo con su marido. Sonó el timbre.

Cuando abrí la puerta Eva me besó en la mejilla. La acompañé al salón y nos sentamos en el sofá.

-¿Corbata?, ¡qué elegancia!
-Bueno. ¿Qué pasa? ¿Por qué tanta urgencia en verme?
-Necesito contarte una cosa que me pasó hoy.

Eva comenzó a narrarme con todo lujo de detalles la aventura del supermercado, todas las guarrerías que  había hecho con aquel vigilante. Yo la miraba con creciente interés. La verdad es que me excitó mucho su relato y la forma de contarlo.


Se levantó y me pidió que me pusiera detrás suyo. Así lo hice. Cogió mis manos y las puso en su entrepierna acercando su culo a mi paquete mientras me explicaba cómo el vigilante metió su mano por debajo de las braguitas. 


Ella empezó a hacer lo  mismo conmigo, sobando mi culo y mis muslos… De pronto dirigió su mano hacia mi paquete y comenzó  a magreármelo, mientras me contaba cómo con esto había puesto a cien al guardia. El que se puso a cien fuí yo. Después de esto se calló y dándose la vuelta me miró con cara de deseo a la vez que se quitaba el vestido quedándose solo con las braguitas puestas. Aprovechando que la estaba mirando me dio un empujón que me hizo caer sentado en el sofá. Eva se puso de rodillas delante de mí,me bajó la cremallera del pantalón y metiendo su mano  sacó mi polla, debo decir que con bastante dificultad pues estaba muy empalmado. Empezó a chupármela.


-Espera, espera- le dije.
-¿Qué pasa?
-No sé si debemos seguir Eva, esta noche tengo una cita y no quisiera…

Eva hizo como si no me oyera, cogiendo mis manos me obligó a levantarme y se dirigió hacia la habitación.

-Eres un maleducado, no me has enseñado tu casa. Vamos a ver qué hay aquí. Ummm bonita cama.

Volvió a agacharse pero esta vez para desabrocharme y quitarme los pantalones. Yo me resistí... como pude.

-David, estoy muy, muy caliente. No puedes dejarme así.


Me empujó tirándome encima de la cama.


Coqueta, sensualmente se fue quitando las bragas hasta quedar completamente desnuda. Se subió a la cama y se puso a horcajadas mía, con el coño delante de mi cara.

-Si no quieres follar al menos alíviame.

Allí lo tenía, a escasos centímetros de mi boca. Lo veía hinchado y húmedo. Y olía a hembra. Así que me tiré a él sin contemplaciones.


Eva empezó a emitir delicados gemidos. Al meterle la lengua hasta el fondo dio un respingo. Esa fue la señal.Empezó a mover su cintura hacia adelante y hacia atrás frotando su coño contra mi boca, sin piedad. La vista que tenía delante de mí era tan excitante que empecé a masturbarme.


Entonces Eva se dio la vuelta y cogiéndome el pene con ambas manos empezó a chupármelo como siempre lo hacía ella, con el frenesí de una colegiala comiéndose un caramelo. Los dos nos entregamos a un 69 en toda regla.
 
Cuando empecé a lamer y morder su excitado clítoris Eva  perdió el control y empezó a gemir fuertemente.Se notaba que venía muy caliente pues enseguida se puso a cien. Succionaba mi polla con su boca emitiendo un singular ruido, como el de una ventosa. No sé cómo podía seguir chupándomela, notaba que casi no podía respirar.


Por entonces yo estaba disfrutando de los deliciosos jugos del coño de Eva... salados, calientes y viscosos. 

La verdad es que estaba un poco agobiado pues pensaba en mi cita. Ya llegaba tarde. Y no sabía en qué condiciones me presentaría después de esto. Pero me abandoné al placer. 

Incluso el recuerdo de Silvia hizo que empezase a fantasear con ella, pensado que aquel coño y aquella boca que me la estaba chupando eran suyas.

Así seguimos un rato hasta que por fin noté que a Eva le estaba viniendo un orgasmo pues se aceleraba cada vez más. Lo ideal de un 69 es que los dos se corran a la vez. Así que me dejé llevar. 

Sentí que mi líquido ya estaba a punto de salir... en dirección a su boca, cosa que me excitaba mucho, pues me encanta correrme en la boca de las chicas y más si se lo tragan. Pero justo en ese momento noté con angustia y desencanto que Eva se la sacaba, limitándose a seguir meneándomela. Así que mi semen salió disparado... hacia mi barriga. Lo noté caliente y viscoso. Me decepcionó, la verdad.


Eva se corrió también, pero tuve que seguir comiéndoselo pues ella aún no había acabado. No sé cuántos orgasmos tuvo hasta que por fin se dio por satisfecha. Agotada se tiró a mi lado. Después de algunos segundos se incorporó sobre mí y mirándome dijo:


-¿Te ha gustado?
-Ha sido fantástico, pero me ha faltado algo.
- ¿El qué?
- Me hubiese gustado que siguieras chupándomela hasta el final.
-Ufff. La verdad es que me da un poco de repelús.
-¿Lo has probado alguna vez?
-No. Tampoco me hace falta hacerlo para saber que no me gusta.
-Bueno al menos, espero que se te haya pasado el calentón
-Ja,ja,ja. Y no sabes tú qué bien me he quedado.

Eva siguió riéndose mientras se levantaba para ir a vestirse. Al acabar se acercó y me dio un beso.

 
-¿No tenías una cita?
-Ufff. Mira la que has armado. Tengo que volver a ducharme.
-Bueno, ¿pero mereció la pena, no?
-Sí, claro.

Cogió sus cosas y se dirigió hacia la puerta. Yo grité:

- Espera Eva. ¿Cuándo  volvemos a vernos?
- Este sábado.
- ¿Dónde siempre?
- No. Aquí. Para qué vamos a perder el tiempo. Solo tenemos dos horas.
- De acuerdo.
- Chao, guapo. Y espero que para entonces me cuentes lo que has hecho con esa chica.


Abrió y se fue, dejándome tirado en la cama y preguntándome si después de todo esto iba a poder con una sesión nocturna de sexo salvaje.